“You are sure you quite forgive me, Pa? Please, Pa, please, forgive me quite!”
Half laughing at him and half crying to him, Bella besought him in the prettiest manner; in a manner so engaging and so playful and so natural, that her cherubic parent made a coaxing face as if she had never grown up, and said, “What a silly little Mouse it is!”
—Pero tú me perdonas eso, y todo lo demás; ¿verdad, papá?
—Sí, mi queridísimo.
«Y no te sientes solo o abandonado, yéndose uno solo; ¿verdad, papá?»
¡El Señor te bendiga! ¡No, vida mía!
“Adiós, queridísimo papá. ¡Adiós!”
“¡Adiós, cariño mío! Llévatela, querido John. ¡Llévatela a casa!”
Así, apoyada en el brazo de su marido, emprendieron el regreso a casa por un sendero rosado que el apacible sol les abría al ponerse.
Y ¡oh!, hay días en esta vida que valen la vida y valen la muerte.
Y ¡oh!, ¡qué vieja y alegre canción aquella de que ¡oh!, ¡es el amor, es el amor, es el amor el que hace girar al mundo!