Codal
nydus/Our Mutual FriendPublic
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IX

demasiada vergüenza. Quiere mantenerlo en secreto y callado, y quitarte de en medio.

Aún estaban discutiendo este punto cuando una sombra oscureció la entrada y la puerta de cristal fue abierta por un mensajero que traía una carta dirigida sin ceremonias: «A Riah». A lo cual dijo que se requería una respuesta.

La carta, que estaba escrita a lápiz cuesta arriba, cuesta abajo y dando tumbos por esquinas torcidas, decía así:

“Viejo Riah:

“Estando todas sus cuentas saldadas, márchese. Cierre el local, desocúpeme aquello de inmediato y entréguesele la llave al portador. Márchese. Es usted un perro judío y desagradecido. Fuera de ahí.

La modista de muñecas encontró delicioso seguir los chillidos y el escozor de Ojos Pequeños en la escritura distorsionada de aquella epístola. Se rio de ella y la bafueó en un rincón propicio (ante el gran asombro del mensajero) mientras el viejo reunía sus pocas pertenencias en una bolsa negra.

Hecho esto, cerrados los contramarcos de las ventanas superiores y bajada la persiana de la oficina, salieron a los escalones con el mensajero acompañante. Allí, mientras la señorita Jenny sostenía la bolsa, el viejo cerró con llave la puerta de la casa y se la entregó a aquel, quien se retiró de inmediato con la misma.

—Pues, madrina —dijo la señorita Wren, mientras seguían en los escalones juntas, mirándose la una a la otra—. ¡Y así es como te has quedado sola en el mundo!

—Así parece, Jenny, y de forma un tanto repentina.

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