“A continuación”, dijo Venus, soplando su té en el platillo y mirando por encima de este a su amigo de confianza, “se plantea la cuestión: ¿Cuál es el rumbo a seguir?”.
Sobre este particular, Silas Wegg tenía mucho que decir. Silas tenía que decir que, rogaba se le permitiera recordar a su camarada, hermano y socio los impresionantes pasajes que habían leído aquella noche; el evidente paralelismo en la mente del señor Boffin entre ellos y el difunto dueño de la Finca, y las circunstancias actuales de la Finca; la botella; y la caja. Que las fortunas de su hermano y camarada, y la suya propia, estaban evidentemente hechas, por cuanto no tenían más que poner su precio a este documento y obtener dicho precio del favorito de la fortuna y el gusano de la hora: el cual ahora parecía ser menos favorito y más gusano de lo que se