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nydus/Our Mutual FriendPublic
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III. El mismo respetado amigo en más de un aspecto

ninguna culpa de nadie salvo del propio difunto. > «Andaba rondando en su barca —dice Tom—, cuyo rondar era, por no hablar mal de los muertos, la forma de ser del difunto, cuando se cruzó de repente en la proa del vapor y este lo partió en dos». El señor Tootle es figurativo en lo que respecta a la mutilación, en el sentido de que se refiere a la barca y no al hombre. Pues el hombre yace entero ante

El capitán Joey, el cliente habitual de hocico de botella y gorra barnizada, es discípulo de la muy respetada vieja escuela y (tras haberse infiltrado en la estancia, en el cumplimiento del importante servicio de llevar el pañuelo del ahogado) obsequia al doctor con una sagaz sugerencia a la antigua usanza: que se cuelgue el cuerpo por los talones, «igualito», dice el capitán Joey, «que al cordero en la carnicería», y que luego, como maniobra especialmente selecta para favorecer la fácil respiración, se lo haga rodar sobre barricas.

Estos retazos de la sabiduría de los antepasados del capitán son recibidos con tan mudo desconcierto por la señorita Abbey, que esta ase al instante al capitán por el cuello y, sin proferir una sola palabra, lo expulsa de la escena, sin que él se atreva a protestar.

Quedan, pues, para ayudar al doctor y a Tom, únicamente esos otros tres clientes habituales, Bob Glamour, William Williams y Jonathan (cuyo apellido, de tenerlo, es desconocido para la humanidad), que son más que suficientes.

La señorita Abbey, habiéndose asomado para cerciorarse de que no falta nada, baja al bar y allí aguarda el resultado, acompañada por el amable judío y la señorita Jenny Wren.

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