sugirió: > —Cerca del jardín, junto al Trinity House en Tower Hill. Así pues, los llevaron allí, y Bella despidió el carruaje, enviándole con este una nota a lápiz a la señora Boffin para decirle que estaba con
“Ahora, papá, presta atención a lo que voy a decirte, y júralo y prométeme que vas a ser obediente”.
—Prometo y juro, querida.
—No haces preguntas. Tomas esta bolsa; vas al lugar más cercano donde tengan de todo, absolutamente de todo, de la mejor calidad y ya confeccionado; te compras y te pones el traje más hermoso, el sombrero más hermoso y el par de botas más hermoso y brillante (¡de charol, papá, no lo olvides!) que se pueda comprar con dinero; y vuelves conmigo.
—Pero, querida Bella…
—¡Cuídate, papá! —señalándolo con el dedo índice, alegremente—. Lo has prometido y jurado. Es perjurio, ya lo sabes.
Había lágrimas en los ojos del tonto pobrecillo, pero ella se los besó hasta secárselos (aunque los suyos propios estaban húmedos), y él volvió a alejarse dando botes. Al cabo de media hora regresó tan brillantemente transformado, que Bella se vio obligada a darle veinte vueltas alrededor con admiración extasiada, antes de poder pasar su brazo por el de él y apretárselo con deleite.
—Ahora, papá —dijo Bella, abrazándolo con fuerza—, lleva a esta hermosa mujer a cenar.
—¿Adónde vamos, querida?