de ello poco después de casados, y acordaron que nunca lo olvidarían. De hecho, a los Veneering les deben su unión. Esperan demostrar su agradecimiento por esto algún día («¡No, no!», por parte de Veneering) —¡oh, sí, sí, y que cuente con ello, lo harán si pueden!
Su matrimonio con Sofronía no fue un matrimonio de interés por ninguna de las partes: ella tenía su pequeña fortuna, él tenía su pequeña fortuna: juntaron sus pequeñas fortunas; fue un matrimonio de pura inclinación y conveniencia.
Sophronia y él son aficionados a la compañía de la gente joven; pero él no está seguro de que la casa de ellos sea una buena casa para los jóvenes que se propongan seguir solteros, ya que la contemplación de su dicha doméstica podría inducirlos a cambiar de opinión.
No aplicará esto a nadie de los presentes; ciertamente no a su querida pequeña Georgiana.
¡Nuevamente gracias!