bajo su verdadera luz, aunque reconozco que lo hice con bastante egoísmo, pues estoy decepcionado.
Decepcionado por haberle hecho un favor. ¿De qué otro modo podría estar decepcionado?
—No se me va a romper el corazón —rió Eugene—; no me va a durar ni cuarenta y ocho horas; pero estoy sinceramente decepcionado. Me hacía ilusión hacer esta pequeña cosa por ti y por nuestra amiga la señorita Jenny. La novedad de hacer algo mínimamente útil tenía su gracia. Veo, ahora, que podría habérselo montado mejor. Podría haber fingido que lo hacía enteramente por nuestra amiga la señorita J. Podría haberme revestido, moralmente, de Sir Eugene el Generoso. Pero, ¡juro por mi alma!, no me van los aspavientos, y prefiero estar decepcionado a intentarlo.
Si su intención era seguir hasta su hogar los pensamientos de Lizzie, lo hizo con gran habilidad. Si los siguió por una mera coincidencia fortuita, fue obra de un hado funesto.
—Se abrió ante mí de manera tan natural —dijo Eugene—. > ¡El asunto pareció puesto en mis manos por accidente! Da la casualidad de que entré en contacto contigo, Lizzie, en esas dos ocasiones que ya conoces. Da la casualidad de que puedo prometerte que se vigilará de cerca a ese falso acusador, Riderhood. Da la casualidad de que puedo darte un poco de consuelo en la hora más oscura de tu angustia, asegurándote que no le creo. En esa misma ocasión te digo que soy el más ocioso e insignificante de los abogados, pero que soy mejor que ninguno en un caso que he anotado con mi propia mano, y que siempre puedes contar con mi mejor ayuda, y de paso también con la de Lightwood, en tus esfuerzos por limpiar el nombre de