Codal
nydus/Our Mutual FriendPublic
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XIII

Cuando viste de qué avarienta y pequeña criatura miserable eras el protector, te propusiste demostrarle cuánto podían hacer las riquezas mal empleadas y menospreciadas, y lo que a menudo habían hecho, para corromper a la gente; ¿verdad? Sin importarte lo que ella pensara de ti (¡y Dios sabe que eso no tenía la menor importancia!), le mostraste, en tu propia persona, los aspectos más detestables de la riqueza, diciéndote a ti mismo: «Esta criatura superficial jamás descubriría la verdad por sí misma en su débil alma, ni aunque tuviera cien años para hacerlo; pero un ejemplo flagrante puesto ante sus ojos tal vez logre abrírselos y ponerla a pensar». ¿Eso fue lo que te dijiste, señor?

—Jamás dije semejuna cosa —declaró el señor Boffin en un estado de máximo disfrute.

—Pues debió habérselo callado, señor —replicó Bella, dándole dos tirones y un beso—, porque tuvo que pensarlo y sentirlo. Vio que la buena suerte se me estaba subiendo a la cabeza y endureciendo mi tonto corazón —que me estaba volviendo codiciosa, calculadora, insolente, insoportable— y se tomó la molestia de ser el más querido y amable indicador que jamás se haya levantado en ninguna parte, señalando el camino que llevaba y el final al que conducía. ¡Confisiénselo ahora mismo!

—John —dijo el señor Boffin, convertido de pies a cabeza en un vivo rayo de sol—, quisiera que me ayudaras a salir de esto.

—No puede ser representado por un abogado, caballero —replicó Bella—. ¡Tiene que hablar por usted mismo! ¡Confiese al instante!

“Pues, querida mía —dijo el señor Boffin—, la verdad es que, cuando nos embarcamos en el pequeño plan que mi vieja ha señalado, sí le planteé a John qué pensaba de embarcarse en algún plan general como el que usted ha señalado. Pero de ningún modo lo expresé así, porque de ningún modo lo quise decir así. Solo le dije a John: «¿No sería más

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