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nydus/Our Mutual FriendPublic
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XV. Dos nuevos sirvientes

embrollarte con cosas que nunca se hicieron ni pensaron para ti, te dará una apoplejía —además de echarle óxido a tu ropa blanca— y me romperás el corazón.

Mr. Boffin abrazó a su esposa por estas palabras de sabiduría y luego, tras felicitar a John Rokesmith por lo brillante de sus logros, le dio la mano en prenda de sus nuevas relaciones. Lo mismo hizo la señora Boffin.

—Ahora —dijo el señor Boffin, quien, en su franqueza, sentía que no le quedaba bien tener a un caballero a su servicio durante cinco minutos sin depositar cierta confianza en él—, hay que ponerle un poco más al corriente de nuestros asuntos, Rokesmith. Le mencioné, cuando hice su conocimiento, o mejor dicho cuando usted hizo el mío, que las inclinaciones de la señora Boffin tiraban hacia la Moda, pero que no sabía cuán de moda llegaríamos a estar o no. ¡Pues bien! La señora Boffin se ha salido con la suya, y nos vamos a meter de cabeza en la Moda.

—Más bien lo deduje, señor —respondió John Rokesmith—, por la escala en que se va a mantener su nuevo establecimiento.

—Sí —dijo el señor Boffin—, va a ser de categoría. El caso es que mi hombre de letras me comentó que una casa con la que él está, por así decirlo, relacionado⁠—en la que tiene intereses⁠—

—¿Como propiedad? —inquirió John Rokesmith.

—Pues no —dijo el señor Boffin—, no exactamente eso; una especie de lazo familiar.

—¿Asociación? —sugirió el secretario.

“¡Ah!”, dijo el señor Boffin. “Quizás. Como sea, me mencionó que la casa tenía un cartel que decía: ‘Esta Eminentemente Aristocrática Mansión se alquila o se vende’. La señora Boffin y yo fuimos a verla y, al encontrarla sin lugar a dudas eminentemente aristocrática (aunque un

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