Codal
nydus/Our Mutual FriendPublic
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XIII

razón, querida. La anciana estuvo a punto de hacernos polvos y astillas muchas veces.

—¿Por qué? —preguntó Bella—. ¿Cómo ocurrió eso, si ella estaba al tanto de tu secreto?

—Pues bien, era una debilidad de la buena señora —dijo el señor Boffin—; y sin embargo, para decirle toda la verdad y nada más que la verdad, estoy más bien orgulloso de ella. Querida, la vieja señora tiene tan alta opinión de mí que no podía soportar verme y oírme actuar como un auténtico bellaco. ¡No podía soportar fingir que hablaba en serio! A consecuencia de lo cual, corríamos peligro con ella a cada instante.

La señora Boffin se rio de buena gana de sí misma; pero cierto brillo en sus honrados ojos reveló que ni mucho menos estaba curada de aquella peligrosa propensión.

—Te aseguro, querida —dijo el señor Boffin—, que en el célebre día en que hice lo que desde entonces se ha acordado en considerar como mi mayor demostración (me refiero a El gato dice Miau, el pato dice Cua cuá y el perro dice Guau, guau, guau), te aseguro, querida, que en ese célebre día, aquellas duras e incrédulas palabras golpearon tan fuerte a mi vieja por causa mía, que tuve que sujetarla para evitar que saliera corriendo tras de ti y me defendiera diciendo que estaba representando un papel.

La señora Boffin volvió a reírse con ganas, sus ojos volvieron a brillar, y quedó entonces de manifiesto, no solo que en aquel rapto de sarcástica elocuencia el señor Boffin era considerado por sus dos consortes en la conspiración como alguien que se había superado a sí mismo, sino que, según su propia opinión, se trataba de una hazaña notable. > «¡Jamás se me había ocurrido antes del momento, querida mía! —le comentó a Bella—. Cuando John dijo que, si hubiera sido tan dichoso como para ganar

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