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nydus/Our Mutual FriendPublic
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XVI. Minders and Reminders

con el que se lo había dicho a su empleador: «¡No creo que sea prometedor!».

Entre sus primeras ocupaciones, la búsqueda de aquel huérfano deseado por la señora Boffin ocupó un lugar destacado.

Desde el primer momento de su contratación mostró un deseo particular de complacerla y, sabiendo que ella tenía este objetivo en el corazón, lo persiguió con incansable presteza e interés.

El señor y la señora Milvey habían encontrado su búsqueda muy difícil. O el huérfano elegible era del sexo equivocado (lo que casi siempre ocurría) o era demasiado viejo, o demasiado joven, o demasiado enfermizo, o demasiado sucio, o estaba demasiado acostumbrado a las calles, o era muy propenso a escaparse; o bien resultaba imposible completar la transacción filantrópica sin comprar al huérfano. Pues, en el preciso instante en que se sabía que alguien quería al huérfano, surgía de la nada algún pariente afectuoso del huérfano que le ponía precio a la cabeza del huérfano.

La repentina subida de un huérfano en el mercado no tenía parangón ni en los registros más demenciales de la Bolsa. Podía estar a cinco mil por ciento de descuento al cuidado de una nodriza haciendo un pastel de lodo a las nueve de la mañana, y (al ser requerido) dispararse hasta un cinco mil por ciento de prima antes del mediodía. El mercado estaba «manipulado» de diversas formas ingeniosas. Circulaban acciones falsificadas. Los padres se presentaban audazmente como difuntos y traían a sus huérfanos con ellos. Las acciones de huérfano genuinas se retiraban subrepticiamente del mercado. Al anunciarse, por medio de emisarios apostados para tal fin, que el señor y la señora Milvey venían bajando por el callejón, los títulos de huérfano se ocultaban al instante y se negaba su presentación, salvo bajo una condición que los agentes solían denominar «un galón de cerveza».

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