Codal
nydus/Our Mutual FriendPublic
Página 838 de 1361
Table of Contents

VIII. El fin de un largo viaje

Ahora daba con el espectáculo vergonzoso de alguna criatura desolada —o de algún grupo miserable y harapiento de uno u otro sexo, o de ambos sexos, con niños entre ellos, apiñados como la alimaña menor en busca de un poco de calor— que demoraba y demoraba en un umbral, mientras el evasor designado de la confianza pública cumplía con su sucia labor de intentar agotarlos y librarse así de ellos. Ahora daba con alguna persona pobre y decente, semejante a ella, que iba a pie en una peregrinación de muchas fatigosas millas para ver a algún pariente o amigo gastado que había sido arrebatado piadosamente a un gran Asilo parroquial desolado y estéril, tan alejado del viejo hogar como la Cárcel del Condado (cuya lejanía es siempre su peor castigo para los pequeños infractores rurales), y que en su régimen alimentario, en su alojamiento y en su cuidado de los enfermos era un establecimiento mucho más penal. A veces oía leer un periódico y se enteraba de cómo el Registrador General sumaba las unidades que en la última semana habían muerto de necesidad y de intemperie: para lo cual ese Ángel Registrador parecía tener un lugar fijo y regular en su cuenta, como si fueran los centavos de esta. Todas esas cosas las oía discutir, como nosotros, mis señores y caballeros y honorables juntas, en nuestra inalcanzable magnificencia jamás las oímos, y de todas esas cosas huía con las alas de la Desesperación furiosa.

Esto no debe tomarse como una figura retórica. La vieja Betty Higden, por muy cansada que estuviera, por muy doloridos que tuviera los pies, se ponía en pie de un salto, espantada y ahuyentada por el terror cerval de caer en manos de la Beneficencia. Constituye un notable progreso cristiano haber convertido al Buen Samaritano en una Furia perseguidora; pero así ocurría en este caso, y es

838