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XI. El podsnapperismo

Podsnappery

Mr. Podsnap era un hombre acomodado y ocupaba un lugar muy elevado en la opinión del propio Mr. Podsnap.

Heredero de una buena fortuna, se había casado con otra buena fortuna, había prosperado extraordinariamente en el ramo de los Seguros Marítimos y estaba más que satisfecho.

Nunca lograba comprender por qué todo el mundo no estaba del todo satisfecho, y tenía la plena conciencia de que daba un brillante ejemplo social al sentirse particularmente satisfecho con la mayoría de las cosas y, por encima de todas las demás, consigo mismo.

Así, felizmente consciente de su propio mérito e importancia, el señor Podsnap establecía que todo aquello que ponía a sus espaldas pasaba a no existir. Había una dignísima contundencia —por no añadir una gran comodidad— en esta manera de librarse de los desagrados, lo cual había contribuido en gran medida a consolidar al señor Podsnap en el elevado puesto que ocupaba en su propia estimación. «¡No quiero saber nada al respecto; no me da la gana de discutirlo; no lo admito!». El señor Podsnap incluso había adquirido un ademán peculiar con el brazo derecho al despejar a menudo el mundo de sus problemas más difíciles, barriéndolos a sus espaldas (y, por consiguiente, haciéndolos desaparecer por completo) con esas palabras y el rostro encendido. Pues aquello le ofendía.

El mundo del señor Podsnap no era un mundo muy grande, moralmente hablando; no, ni siquiera geográficamente: dado que, aunque su negocio se sostenía en el comercio con otros países, él

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