en señal de conformidad.
—Y ahí está sentado usted, caballero —prosiguió Wegg con un aire de pensativa admiración—, ¡como si nunca lo hubiera dejado! ¡Ahí está sentado usted, caballero, como si tuviera una capacidad ilimitada para asimilar el flagrante artículo! ¡Ahí está sentado usted, caballero, en medio de sus obras, con cara de que le hubieran pedido Hogar, dulce hogar, y estuviera complaciendo a la concurrencia!
‘A exile from home splendour dazzles in vain, O give you your lowly Preparations again, The birds stuffed so sweetly that can’t be expected to come at your call, Give you these with the peace of mind dearer than all. Home, Home, Home, sweet Home!’
—Por muy espantoso que sea —añadió el señor Wegg en prosa, mientras miraba alrededor de la tienda—, bien mirado, no hay otro lugar igual.