Aunque del todo invisibles e insospechados por los alumnos, Bradley Headstone impregnaba incluso los ejercicios escolares.
- ¿Se trataba de Geografía? ¡Él salía volando triunfalmente del Vesubio y del Etna por delante de la lava, hervía indemne en las fuentes termales de Islandia y flotaba majestuoso por el Ganges y el Nilo!
- ¿La Historia registraba a un rey de hombres? ¡He aquí a Bradley en pantalones de estambre salpimienta, con la cadena del reloj al cuello!
- ¿Había que hacer planas de caligrafía? En letras B y H mayúsculas, la mayoría de las niñas bajo la tutela de la señorita Peecher llevaban medio año de ventaja a cualquier otra letra del alfabeto.
- Y la Aritmetica Mental, administrada por la señorita Peecher, se dedicaba a menudo a dotar a Bradley Headstone de un guardarropa de fabulosa extensión:
- ochenta y cuatro corbatas a dos chelines y nueve peniques y medio,
- dos gruesas de relojes de plata a cuatro libras, quince chelines y seis peniques,
- setenta y cuatro sombreros negros a dieciocho chelines;
- y muchas superfluidades semejantes.
El vigilante sereno, aprovechando su oportunidad diaria de volver los ojos hacia Bradley, pronto informó a la señorita Peecher de que Bradley estaba más preocupado de lo que solía estar, y más dado a pasear con el rostro abatido y reservado, dándole vueltas en la mente a algo difícil que no figuraba en el programa escolar. Sumando esto y aquello —combinando bajo el epígrafe «esto» las apariencias actuales y la intimidad con Charley Hexam, y clasificando bajo el epígrafe «aquello» la visita a su hermana—, el sereno le comunicó a la señorita Peecher sus firmes sospechas de que la hermana estaba detrás de todo.