Codal
nydus/Our Mutual FriendPublic
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XV

encerrado en su escuela durante el día, se aventuró a salir con cautela por la noche y no volvió a la estación de ferrocarril. Examinó los anuncios de los periódicos en busca de cualquier indicio de que Riderhood actuara según su velada amenaza de convocarlo así para renovar su conocimiento, pero no encontró ninguno. Habiéndole pagado generosamente por el sustento y el alojamiento que había tenido en la esclusa, y sabiendo que era un hombre muy ignorante que no sabía escribir, comenzó a dudar de si había que temerle en absoluto, o de si alguna vez tendrían que volver a encontrarse.

Todo este tiempo, su mente no salió jamás de la picota, y su furiosa sensación de haber sido obligado a lanzarse al abismo que separaba a aquellos dos, y tender un puente sobre él para que ellos se unieran, jamás se calmó.

Esta horrible condición provocó otros ataques. No habría sabido decir cuántos ni cuándo; pero veía en los rostros de sus alumnos que le habían visto en tal estado, y que estaban dominados por el temor a que tuviera una recaída.

Un día de invierno, en que una ligera nevada cubría de plumas los alféizares y marcos de las ventanas de la clase, estaba él ante su pizarra, con la tiza en la mano, a punto de empezar con un grupo; cuando, al leer en los rostros de aquellos muchachos que algo iba mal y que parecían temerosos por él, dirigió la vista hacia la puerta a la que ellos miraban.

Vio entonces a un hombre desgarbado y de aspecto intimidante parado en medio de la escuela, con un atado bajo el brazo; y vio que era Riderhood.

Se sentó en un taburete que uno de sus muchachos le acercó, y tuvo la fugaz conciencia de que corría el peligro de caerse y de que su rostro se estaba distorsionando. Pero el ataque pasó por esa vez, se secó la boca y volvió a ponerse en pie.

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