Porque sus defectos se han visto intensificados por su lugar en el testamento de mi padre, y ella ya está mejorando. Porque su matrimonio con John Harmon, después de lo que he escuchado de sus propios labios, sería una farsa espantosa, de la que tanto ella como yo seríamos siempre conscientes, y que la degradaría a ella en su propia mente, a mí en la mía, y a cada uno en la del otro. Porque si John Harmon vuelve a la vida y no se casa con ella, la propiedad recae en las mismas manos que la poseen ahora.
“¿Qué habría de tener? Muerto, he hallado a los verdaderos amigos de mi vida tan sinceros, tiernos y fieles como cuando yo vivía, y haciendo de mi recuerdo un incentivo para las buenas acciones realizadas en mi nombre.
Muerto, los he encontrado cuando habrían podido desdeñar mi nombre y pasar ávidamente sobre mi tumba hacia la comodidad y la riqueza, demorándose en el camino, como niños de corazón puro, para rememorar su amor por mí cuando yo era un niño pobre y asustado.
Muerto, he escuchado de los labios de la mujer que habría sido mi esposa si hubiera vivido, la repugnante verdad de que yo la habría comprado, sin importarle nada de mí, tal como un sultán compra a una esclava.
“¿Qué más podría desear? Si los muertos pudieran saber, o supieran, cómo los vivos los recuerdan, ¿quién entre las huestes de los muertos ha hallado en la tierra una fidelidad más desinteresada que la mía? ¿No es eso suficiente para mí? Si hubiera vuelto, estas nobles criaturas me habrían dado la bienvenida, habrían llorado por mí, habrían renunciado a todo por mí con alegría. No volví, y ellas han ocupado mi lugar sin corromperse. Que descansen en él, y que Bella descanse en el suyo.
—¿Qué rumbo tomar entonces? Este. Vivir la misma apacible vida de secretario, evitando cuidadosamente las oportunidades de ser