Codal
nydus/Our Mutual FriendPublic
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XVI. Minders and Reminders

—¿Que si me disgusta que se hable de eso? —respondió la anciana—. Máteme antes que llevarme allí. Tire a esta hermosa criatura bajo las patas de los caballos de tiro y un carro cargado, antes que llevarlo allí. ¡Venga a vernos y hállenos a todos muriéndonos, préndenos fuego a todos donde estamos y déjenos arder a todos con la casa convertidos en un montón de cenizas antes que trasladar allí un cadáver de nosotros!

¡Qué espíritu tan sorprendente en esta mujer solitaria después de tantos años de duro trabajo y dura vida, mis Lores y Caballeros y honorables Juntas!

¿Cómo es que lo llamamos en nuestros discursos grandilocuentes? ¿Independencia británica, más bien pervertida? ¿Es eso, o algo parecido, el eco de la hipocresía?

“¿Acaso no leo en los periódicos —decía la buena mujer, acariciando al niño—, ¡Dios me ampare a mí y a los de mi calaña!, cómo a la gente consumida que llega a eso la traen de Herodes a Pilatos y de Pilatos a Herodes, ¡con el propósito de agotarla! ¿Acaso no leo cómo los van largas, largas, largas; cómo les regatean, regatean, regatean el techo, o al médico, o la gota de medicina, o el mendrugo de pan? ¿Acaso no leo cómo terminan hartándose del asunto y lo abandonan, después de haberse dejado caer tan bajo, y cómo al fin y al cabo se mueren por falta de ayuda? Pues entonces digo que ojalá sepa morir tan bien como cualquier otro, y moriré sin esa afrenta”.

¿Absolutamente imposible, mis Lores y Caballeros y Honorables Juntas, por mucho estiramiento de la sabiduría legislativa, enderezar la lógica de esta gente perversa?

—Johnny, mi lindo —continuó la vieja Betty, acariciando al niño y más lamentándose por él que hablándole—, tu abuela Betty está más cerca de los ochenta que de los setenta años. Jamás mendigó ni recibió un

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