yo te acompaño a casa.
El señor Boffin descendió con aire de resignación y se entregó, tras despedirse amistosamente del señor Venus. Una vez más, Inspector e Inspecto recorrieron las calles juntos y llegaron así a la puerta del señor Boffin.
Pero aun allí, cuando el señor Boffin le hubo dado las buenas noches a su custodio, y se hubo abierto con su propia llave, y hubo cerrado la puerta con suavidad, aun allí y entonces, el todopoderoso Silas tenía que reclamar otra afirmación de su poder recientemente afirmado.
—¡Bah—se acabó! —gritó a través de la cerradura.
«Sí, Wegg», fue la respuesta a través del mismo conducto.
“Salga. Vuélvase a mostrar. ¡Echemos otra ojeada a ver cómo está!” El señor Boffin —¡ay, cuán caído de la alta posición de su honrada sencillez!— abrió la puerta y obedeció.