la enfermedad se reducían poco más que a monosílabos. Pero había que lavarlo y atenderlo, y se le aplicaban remedios, y aunque esas tareas se realizaban con mucha, muchísima más destreza y delicadeza que cualquier otra cosa que se hubiera hecho por él en su corta y dura vida, le habrían dolido y cansado de no ser por una circunstancia asombrosa que captó su atención. Esta no era otra que la aparición en su propia pequeña plataforma, en parejas, de Toda la Creación, camino de su arca particular: el elefante a la cabeza, y la mosca, con una tímida conciencia de su tamaño, cerrando cortésmente la marcha. Un hermanito muy pequeño que yacía en la cama de al lado con una pierna rota estaba tan encantado con este espectáculo que su regocijo exaltó el cautivador interés del mismo; y así llegaron el descanso y el sueño.
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IX. En el que el huérfano hace su testamento
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