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nydus/Our Mutual FriendPublic
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XIII. Cría fama y acuéstate a dormir

A perro flaco, todo son pulgas

Fascination Fledgeby, dejado a solas en el despacho, se paseaba con el sombrero de lado, silbando, investigando los cajones y fisgoneando aquí y allá en busca de cualquier pequeño indicio de que lo estuvieran estafando, pero no pudo encontrar ninguno.

«No es mérito suyo que no me estafen —fue el comentario del señor Fledgeby, acompañado de un guiño—, sino precaución mía».

A continuación, con una perezosa grandiosidad, hizo valer sus derechos como señor de Pubsey y Cía. pinchando con su bastón los taburetes y las cajas, y escupiendo en la chimenea; y así deambuló con aire regio hasta la ventana y miró hacia la estrecha calle, con sus ojillos asomando apenas por encima del estor de Pubsey y Cía.

Como estor —en más de un sentido—, aquello le recordó que estaba solo en el despacho con la puerta de la calle abierta. Se disponía a cerrarla, no fuera a ser que lo relacionaran imprudentemente con el establecimiento, cuando se vio detenido por alguien que se acercaba a la puerta.

Este alguien era la modista de muñecas, con una pequeña cesta en el brazo y su bastón de muleta en la mano. Sus agudos ojos habían visto al señor Fledgeby antes de que el señor Fledgeby la hubiera visto a ella, y él quedó paralizado en su propósito de dejarla fuera, no tanto por su acercamiento a la puerta, como por el hecho de obsequiarlo con una lluvia de saludos con la cabeza en cuanto la vio. Esta ventaja la aprovechó

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