ser posterior a este.
—¡Escúchame! —exclamó Wegg—. Ya lo dije. Pagué un chelín (no importa que seis peniques fueran tuyos) para buscar ese testamento. Hermano, ese testamento tiene fecha de meses antes que este otro. Y ahora, como prójimo y como socio en una gesta amistosa —añadió Wegg, tomándole de nuevo las manos con benevolencia y dándole golpecitos en ambas rodillas otra vez—, dime, ¿he llevado a cabo mi labor de amor a tu entera satisfacción, y estás sor—pre—endido?
Mr. Venus contempló a su prójimo y socio con ojos dubitativos, y luego replicó con rigidez:
—Esta es una gran noticia en verdad, señor Wegg. No hay quien lo niegue. Pero ojalá me la hubiera contado antes de llevarse el susto de esta noche, y ojalá me hubiera consultado alguna vez como su socio qué debíamos hacer, antes de creer que estaba compartiendo una responsabilidad.