Su aspecto regordete, terso e inocente era motivo para que lo trataran siempre con condescendencia cuando no lo humillaban. Un extraño que entrara en su propia y humilde casa hacia las diez de la noche podría haberse sorprendido al encontrarlo levantado cenando. Tan aniñado era en sus curvas y proporciones, que su viejo maestro de escuela, al encontrárselo en Cheapside, habría sido incapaz de resistir la tentación de darle unos bastonazos allí mismo. En suma, era el querubín convencional, después del supuesto brote recién mencionado, más bien gris, con signos de preocupación en la expresión y en circunstancias claramente insolventes.
Era tímido y reacio a admitir el nombre de Reginald, por considerarlo demasiado pretencioso y vanidoso. En su firma utilizaba únicamente la inicial R., y no le revelaba a nadie lo que realmente significaba, salvo a amigos elegidos, bajo estricto secreto. De esto había surgido la costumbre jocosa en el vecindario circundante a Mincing Lane de inventarle nombres de pila a partir de adjetivos y participios que empezaban por R. Algunos de estos eran más o menos apropiados, como Oxidado (Rusty), Retraído (Retiring), Rojizo (Ruddy), Redondo (Round), Maduro (Ripe), Ridículo (Ridiculous), Rumiativo (Ruminative); otros derivaban su gracia de su falta de aplicación, como Furioso (Raging), Ruidoso (Rattling), Estridente (Roaring), Descarado (Raffish). Pero su nombre popular era Rumty, que en un momento de inspiración le había otorgado un caballero de hábitos alegres vinculado al mercado de las drogas, como el comienzo de un estribillo festivo cuya interpretación principal había llevado a este caballero al Templo de la Fama, y cuyo estribillo expresivo entero decía:
“Rumty iddity, row dow dow, Sing toodlely, teedlely, bow wow wow.”
Así se dirigían a él constantemente, incluso en breves notas de negocios, llamándolo «Querido Rumty»; en respuesta a lo cual, él