barco, estaban muy a la par.
La barca siguió avanzando, bajo los árboles de ramas arqueadas y sobre sus tranquilas sombras en el agua. El barquero, acechando en la orilla opuesta del arroyo, continuó tras ella.
Los destellos de luz le indicaban a Riderhood cuándo y dónde sumergía el remero las palas, hasta que, mientras él permanecía allí de pie mirando sin hacer nada, el sol se puso y el paisaje se tiñó de rojo. Y entonces el rojo dio la impresión de desvanecerse y ascender hacia el Cielo, tal como decimos que hace la sangre, derramada con culpa.
Volviéndose hacia su esclusa (no se había alejado de la vista de esta), el Pícaro meditó con tanta profundidad como le era posible al limitado entendimiento de un sujeto semejante.
«¿Por qué copió mi ropa? Podría haber parecido lo que quisiera parecer sin necesidad de eso».
Este era el tema de sus pensamientos; en los cuales, además, surgían de vez en cuando, a tropezones, como cualquier residuo medio flotante y medio hundido en el río, la pregunta de si aquello se había hecho por accidente. El montaje de una trampa para averiguar si se había hecho por accidente pronto desplazó, como una maniobra práctica de astucia, la investigación más abstracta de por qué otra razón se había hecho. Y concibió un medio para lograrlo.
Rogue Riderhood went into his lock-house, and brought forth, into the now sober grey light, his chest of clothes. Sitting on the grass beside it, he turned out, one by one, the articles it contained, until he came to a conspicuous bright red neckerchief stained black here and there by wear. It arrested his attention, and he sat pausing over it, until he took off the rusty colourless wisp that he wore round his