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nydus/A ConfessionPublic
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IV

por el dragón, se agarra a una ramita que crece en una grieta del pozo y se aferra a ella. Sus manos se van debilitando y siente que pronto tendrá que resignarse a la destrucción que le aguarda arriba o abajo, pero aun así sigue aferrado. Entonces ve que dos ratones, uno negro y otro blanco, dan vueltas y vueltas regularmente al tallo de la ramita a la que está aferrado y la roen. Y pronto la ramita misma se romperá y él caerá en las fauces del dragón. El viajero ve esto y sabe que perecerá inevitablemente; pero mientras sigue colgado, mira a su alrededor, ve unas gotas de miel en las hojas de la ramita, las alcanza con la lengua y las lame.

Así yo también me aferré a la ramita de la vida, sabiendo que el dragón de la muerte me aguardaba inevitablemente, listo para hacerme trizas; y no podía comprender por qué había caído en semejante tormento.

Intenté lamer la miel que antes me consoleba, pero la miel ya no me daba placer, y los ratones blanco y negro del día y de la noche roían la rama de la que pendía.

Vi al dragón claramente y la miel ya no supo dulce. Solo vi al dragón ineludible y a los ratones, y no pude apartar mi mirada de ellos, y esto no es una fábula, sino la verdad real e irrefutable inteligible para todos.

El engaño de los gozos de la vida que antes calmaban mi terror del dragón ya no me engañaba más.

Por mucho que me repitan: «No puedes comprender el sentido de la vida, así que no pienses en ella, sino vive», ya no puedo hacerlo: lo he hecho durante demasiado tiempo.

Ahora no puedo evitar ver cómo el día y la noche se suceden y me conducen a la muerte. Eso es todo lo que veo, porque solo eso es verdad. Todo lo demás es falso.

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