Mas comprendí que un mismo suceso les acontece a todos. Entonces dije en mi corazón: «Como le sucede al necio, así me sucederá también a mí; ¿para qué, pues, he sido hasta ahora más sabio?». Y dije en mi corazón que también esto es vanidad. Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros todo será olvidado. ¿Y cómo muere el sabio? Como el necio. Por tanto, aborrecí la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu. Aborrecí asimismo todo mi trabajo con el que me había afanado debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí. …
¿Qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afanó debajo del sol? Porque todos sus días son dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad. No tiene el hombre bien alguno que haga que coma y beba, y alegre su alma de su trabajo.
Todo acontece de la misma manera a todos: un mismo suceso hay para el justo y para el impío; para el bueno y para el malo; para el limpio y para el impuro; para el que sacrifica y para el que no sacrifica; como el bueno, así el pecador; y el que jura, como el que teme el juramento. Este mal hay en todo lo que se hace debajo del sol, que un mismo suceso hay a todos; y también el corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal, y hay insensatez en su corazón durante su vida; y después de esto se van a los muertos. Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto. Porque los vivos saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.