“Todo cuanto hay en el mundo —necedad y sabiduría, riqueza y pobreza, alegría y tristeza— es vanidad y vacuidad. El hombre muere y no queda nada de él. Y eso es estúpido”, dice Salomón.
“Vivir en la conciencia de la inevitabilidad del sufrimiento, de la debilitación, de la vejez y de la muerte es imposible; debemos liberarnos de la vida, de toda vida posible”, dice Buda.
Y lo que estas mentes fuertes han dicho ha sido dicho, pensado y sentido por millones y millones de personas como ellas. Y yo lo he pensado y lo he sentido.
Así, mi deambular por las ciencias, lejos de liberarme de mi desesperación, no hizo más que fortalecerla.
Un tipo de conocimiento no respondía a la pregunta de la vida; el otro respondía directamente confirmando mi desesperación, indicando no que el resultado al que había llegado fuera fruto de un error o de un estado enfermizo de mi mente, sino por el contrario, que yo había pensado correctamente, y que mis pensamientos coincidían con las conclusiones de las más poderosas mentes humanas.
No sirve de nada engañarse. ¡Todo es... vanidad! Feliz aquel que no ha nacido: la muerte es mejor que la vida, y uno debe liberarse de la vida.