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nydus/A ConfessionPublic
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IX

Pero llegó un momento en que dejé de creer en lo finito. Y entonces comencé a construir sobre cimientos racionales, a partir de lo que sabía, una explicación que diera sentido a la vida; pero no pude construir nada. Junto con los mejores intelectos humanos llegué al resultado de que 0 es igual a 0, y me sorprendí mucho ante tal conclusión, aunque no podía haber resultado ninguna otra.

¿Qué hacía yo cuando buscaba una respuesta en las ciencias experimentales?

Deseaba saber por qué vivo y, con este fin, estudiaba todo cuanto hay fuera de mí. Evidentemente, podía aprender mucho, pero nada de lo que necesitaba.

¿Qué hacía yo cuando buscaba una respuesta en el conocimiento filosófico? Estudiaba los pensamientos de quienes se habían encontrado en la misma posición que yo, careciendo de una respuesta a la pregunta «¿para qué vivo?».

Evidentemente, no podía aprender nada más que lo que ya sabía yo mismo, a saber, que no se puede saber nada.

¿Qué soy?—Una parte de lo infinito. En esas pocas palabras reside todo el problema.

¿Es posible que la humanidad tan solo desde ayer se haya planteado esa pregunta? ¿Y es que nadie antes de mí se ha formulado esa pregunta —una pregunta tan sencilla, y que brota en los labios de cualquier niño sabio—?

Seguramente esa pregunta se ha hecho desde que el hombre existe; y naturalmente para la solución de esa pregunta desde que el hombre existe ha sido igualmente insuficiente comparar lo finito con lo finito y lo infinito con lo infinito, y desde que el hombre existe se ha buscado y expresado la relación de lo finito con lo infinito.

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