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nydus/A ConfessionPublic
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XVI

Y dejé de dudar, y adquirí la plena convicción de que no todo era verdad en la religión a la que me había unido. Antaño habría dicho que todo era falso, pero ya no podía decirlo. El pueblo entero poseía un conocimiento de la verdad, pues de otro modo no habría podido vivir.

Además, ese conocimiento era accesible para mí, pues lo había sentido y había vivido de acuerdo con él. Pero ya no dudaba de que también hubiera falsedad en él.

Y todo lo que antes me había repelido se presentaba ahora vívidamente ante mí. Y aunque veía que entre los campesinos había una menor mezcla de las mentiras que me repelían que entre los representantes de la Iglesia, aun así veía que también en la creencia del pueblo la falsedad se mezclaba con la verdad.

¿Pero de dónde venían la verdad y la falsedad? Tanto la falsedad como la verdad estaban contenidas en la llamada sagrada tradición y en las Escrituras. Tanto la falsedad como la verdad habían sido transmitidas por lo que se llama la Iglesia.

Y quisera o no, me vi llevado al estudio y la investigación de estos escritos y tradiciones —que hasta entonces tanto había temido investigar—.

Y me volví hacia el examen de esa misma teología que una vez había rechazado con tanto desprecio por innecesaria. Antaño me parecía una serie de absurdos innecesarios, cuando por todas partes me encontraba rodeado de manifestaciones de la vida que me parecían claras y llenas de sentido; ahora me habría alegrado de desechar lo que no cabía en una cabeza sana, pero no tenía adónde acudir.

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