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nydus/A ConfessionPublic
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XIII

Y por extrañísimo que me pareciera mucho de lo que formaba parte de la fe de aquella gente, lo acepté todo, y asistía a los servicios, me arrodillaba en oración por la mañana y por la tarde, ayunaba y me disponía a recibir la Eucaristía; y al principio mi razón no se resistía a nada. Las cosas mismas que antes me habían parecido imposibles no suscitaban ya en mí ninguna oposición.

Mis relaciones con la fe antes y después fueron bien distintas.

Antiguamente la vida misma me parecía llena de sentido y la fe se me presentaba como la afirmación arbitraria de proposiciones del todo innecesarias, absurdas y desconectadas de la vida. Entonces me preguntaba qué sentido tenían aquellas proposiciones y, convencido de que no lo tenían, las rechazaba.

Ahora, por el contrario, sabía firmemente que de otro modo mi vida no tiene ni puede tener ningún sentido, y los artículos de fe distaban mucho de presentarse ante mí como innecesarios; al contrario, la experiencia indubitable me había llevado a la convicción de que solo estas proposiciones presentadas por la fe dan un sentido a la vida.

Antiguamente los consideraba una jerga del todo innecesaria, pero ahora, si bien no los comprendía, sabía no obstante que tenían un sentido, y me decía a mí mismo que debía aprender a comprenderlos.

Razonaba de este modo, diciéndome a mí mismo que el conocimiento de la fe brota, como toda la humanidad con su razón, de una fuente misteriosa. Esa fuente es Dios, el origen tanto del cuerpo humano como de la razón humana. Así como mi cuerpo ha descendido a mí de parte de Dios, también lo han hecho mi razón y mi comprensión de la vida, y en consecuencia las diversas etapas del desarrollo de esa comprensión de la vida no pueden ser falsas.

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