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nydus/A ConfessionPublic
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VI. En el Bosque del Conocimiento

de la naturaleza hasta la acción plenamente consciente del hombre— como meramente la objetivación de esa voluntad, de ningún modo evitaremos la conclusión de que, junto con la renuncia voluntaria y la autodestrucción de la voluntad, también desaparecen todos esos fenómenos, ese constante batallar y esforzarse sin meta ni reposo en todos los grados de objetividad en los que y a través de los cuales el mundo existe; la diversidad de las formas sucesivas desaparecerá, y junto con la forma, todas las manifestaciones de la voluntad, con sus formas más universales, el espacio y el tiempo, y finalmente su forma más fundamental: sujeto y objeto. Sin voluntad no hay concepto ni mundo. Ante nosotros, ciertamente, no queda nada. Pero lo que se resiste a esta transición a la aniquilación, nuestra naturaleza, es solo ese mismo deseo de vivir — Wille zum Leben — que nos conforma a nosotros tanto como a nuestro mundo. Que tengamos tanto miedo a la aniquilación o, lo que es lo mismo, que deseemos tanto vivir, significa meramente que nosotros mismos no somos otra cosa que este deseo de vivir, y no conocemos otra cosa que él. Y así, lo que queda tras la completa aniquilación de la voluntad, para nosotros que estamos tan llenos de voluntad, es, por supuesto, nada; pero, por otra parte, para aquellos en quienes la voluntad se ha vuelto y se ha negado a sí misma, este mundo nuestro tan real, con todos sus soles y su vía láctea, es nada”.

“Vanidad de vanidades”, dice Salomón, “vanidad de vanidades; todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol? Una generación se va, y otra generación viene; mas la tierra siempre permanece. … Lo que fue, eso es lo que será; y lo que se ha hecho, eso es lo que se hará; y no hay nada nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de que se pueda decir: ‘He aquí esto es nuevo’? Ya fue en los siglos que nos han precedido. No hay memoria de lo precedido, ni tampoco de lo que será habrá memoria en los que serán después. Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén. Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo se hace debajo del cielo; este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres para que se ejerciten en él. Yo he visto

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