La fecha exacta de la primera introducción en Inglaterra del cómodo sistema de vender libros en subasta nos es conocida debido a la amable debilidad de los subastadores por escribir prólogos en los catálogos de venta; y esta historia, por lo tanto, es singularmente distinta a la de la mayoría de los demás inventos y costumbres, cuyo origen suele estar abierto a dudas, porque los creadores no han considerado oportuno explicar que estaban haciendo algo nuevo.
Los subastadores, por el contrario, nos dicen cuál fue la primera venta, y cuáles fueron la segunda, la tercera y la cuarta. Después de esto se puede decir que la novedad se agota, y nos conformamos con detalles menos exactos.
La costumbre era frecuente en Holanda a mediados del siglo XVII, y el honor de introducirla en Inglaterra se debe a William Cooper, el librero de Little Britain, sobre el cual se ha ofrecido cierta información en un capítulo anterior.
Estaba muy interesado en la alquimia y, tres años antes de celebrar su primera subasta, publicó un «Catálogo de libros de química».
No debemos, sin embargo, suponer que esta fue la introducción de las subastas en Inglaterra, pues la venta por pulgada de vela hacía tiempo que se practicaba aquí, un método adoptado por la Oficina de la Marina para la venta de sus efectos viejos.