Charles Knight será recordado por siempre con honor como el gran pionero en abaratar la buena literatura. La excelencia de sus volúmenes a un chelín era una maravilla cuando se publicaron por primera vez, y aún hoy sería difícil encontrarles igual.
Knight tenía una gran fe en la suficiencia del penique como precio para la entrega de un libro. Publicó grandes cantidades de libros a un penique por entrega —como una de las primeras publicaciones periódicas económicas, la Penny Magazine, y la primera de las enciclopedias económicas, la Penny Cyclopædia.
¡Cuánto bien han hecho las grandes tiradas de libros tan excelentes como los volúmenes semanales y mensuales de Knight, las Bibliotecas de Conocimiento Útil y Entretenido (Libraries of Useful and Entertaining Knowledge), la Miscelánea de Constable (Constable’s Miscellany), la Biblioteca Familiar de Murray (Murray’s Family Library), la Biblioteca Doméstica y Colonial (Home and Colonial Library) y las Bibliotecas de Bohn (Bohn’s Libraries)!— libros todos ellos dignos de un lugar en la biblioteca, y no como demasiados de los libros baratos de la actualidad, libros para ser leídos y luego descartados.
Al tomar nota de algunos de los viejos libreros de lance, hay que hacer mención especial de Joseph Kirton, del atrio de San Pablo, cuyo letrero era «Las Armas del Rey», porque era el librero de Samuel Pepys —«mi pobre Kirton», como este último lo llama cuando quedó arruinado por el Gran Incendio de Londres.
Pepys nos cuenta que «Kirton quedó totalmente arruinado por la pérdida de todas sus existencias, de modo que, de valer siete u ocho mil libras, pasó a estar dos o tres mil libras peor que en la absoluta indigencia». (Véase el «Diario», 5 de octubre de 1666).
El pobre librero no vivió mucho tiempo después de su gran pérdida, pues murió en octubre de 1667. Pepys registra un ejemplo interesante del