Hay en Francia un círculo más amplio de bibliófilos que en Inglaterra, y están más dispuestos a pagar precios altos por libros poco comunes. Las primeras ediciones de Molière y Rabelais, al igual que las de Shakespeare, se venden por sumas elevadas, y la literatura francesa antigua en general, al igual que la nuestra, ha subido mucho de precio en los últimos años.
Dos ejemplos del gran avance que ha tenido lugar pueden mencionarse:—
Perrault, Contes de ma Mere Loye, 1697, faltándole la hoja de erratas, un buen ejemplar, en tafilete azul de Bauzonnet, vendido en la subasta de Charles Nodier por 112 francos. El mismo ejemplar en la subasta del duque de Hamilton alcanzó las 85 libras.
Gringoire, Les Fantasies de Mere Sote (París, 1516), un ejemplar en tafilete azul de Padeloup, se vendió en la almoneda de Hibbert por nueve guineas. El mismo ejemplar alcanzó la cuantiosa suma de 180 libras en la almoneda de Beckford.
Uno puede comprender precios tan elevados como estos, que surgen del renovado interés que se siente por esta clase de libros, pero el alto precio de Le Pastissier François (Ámsterdam: L. & D. Elzevier, 1655) parece absurdo. Un libro así puede ser de poco interés para los compradores ingleses, aunque ciertamente el Sr. Andrew Lang se entusiasma con él en su obra «Books and Bookmen».
En una edición temprana de su Manuel (1821) Brunet escribió—
“Hasta ahora he desdeñado admitir este libro en mi obra, pero he cedido a los ruegos de los aficionados. Además, ¿cómo iba a excluir un volumen que se vendió por ciento un francos en 1819?”
El libro ha aumentado enormemente de valor desde entonces y, como consecuencia, han salido al mercado ejemplares hasta ahora