Lo poco que se sabe de algunos de estos primeros subastadores se evidencia en el hecho de que John Bullord, quien vendía libros a finales del siglo XVII, es considerado por el meticuloso John Nichols como miembro de la conocida familia de libreros Ballard.
No encuentro ninguna información respecto a Bullord, pero es muy improbable que este nombre fuera simplemente una errata de Ballard.
El nombre de Samuel Paterson (1728-1802) será recordado siempre con honor entre los bibliógrafos ingleses, pues fue uno de los primeros en perfeccionar el arte de catalogar, y alcanzó gran fama gracias a sus labores en este campo.
Tenía, sin embargo, un gran defecto, pues era un lector tan insaciable que, cuando al catalogar setopaba con un libro que no había visto antes, necesitaba leerlo en el acto y, de este modo, su trabajo se retrasaba considerablemente y a menudo sus catálogos no se podían conseguir hasta pocas horas antes de la venta.
Era hijo de un pañero en St. Paul’s, Covent Garden, pero perdió a su padre cuando solo tenía doce años; su tutor lo descuidó y, tras haber envuelto su patrimonio en su propia bancarrota, lo envió a Francia.
Aquí adquirió un conocimiento considerable de la literatura francesa, el cual le fue de gran utilidad a lo largo de su vida. Cuando tenía poco más de veinte años, abrió una tienda en el Strand, frente a Durham Yard. Este negocio de compraventa de libros no tuvo éxito, por lo que luego comenzó a trabajar como subastador general en Essex House.
Fue durante este período de su vida cuando salvó la colección de valiosos manuscritos que antes pertenecían a Sir Julius Cæsar de ser vendidos como papel de estraza a un quesero. Clasificó los manuscritos e hizo un excelente catálogo de ellos, y cuando salieron a la venta en subasta, alcanzaron la suma de 356 libras.