cartillas y libros de oraciones privadas a William Seres; una para imprimir todo tipo de canciones de música a Thomas Tallis y William Bird; una para diccionarios en general a H. Binneman; y otra para almanaques y pronósticos a James Roberts y Richard Watkins.28 Poco a poco, mediante compra o herencia, casi todos los monopolios pasaron a ser posesión de la Compañía de Libreros e Impresores (Stationers’ Company). Ciertos impresores, sin embargo, solían piratear algunos de los libros con privilegios ingleses más populares. La Compañía se resistió y presentó un memorial a Lord Burghley en octubre de 1582, con una queja sobre la oposición encontrada al realizar su registro en la imprenta de alguien «que imprimía toda clase de libros a su antojo».29
El principal cabecilla de estos usurpadores de privilegios era John Wolf, hombre libre de la Compañía de Pescaderos. En 1583, la Compañía de Libreros redactó trece puntos sobre el «comportamiento insolente y desafiante de John Wolf, impresor, y sus cómplices», que presentaron al Consejo Privado. De esta acusación se desprende que, cuando se