El Dr. Francis Bernard, médico del Hospital de San Bartolomé, fue también médico de Jacobo II.
Era un buen crítico de libros y reunió una biblioteca magnífica, que fue vendida en subasta en octubre de 1698 en su antigua residencia de Little Britain. Dibdin dice que era «un estoico en la bibliografía. Ni las encuadernaciones hermosas ni la amplitud de los márgenes deleitaron jamás su vista ni alegraron su corazón; pues era un lector inflexible y directo, y versado en la historia literaria como ninguno de sus contemporáneos. Su colección era copiosa y excelente».
La relación que se da del doctor en la Advertencia al Lector que encabeza el catálogo es de considerable interés—
“The character of the person whose collection this was is so well known, that there is no occasion to say much of him, nor, to any man of judgment that inspects the Catalogue, of the collection itself. Something, however, it becomes us to say of both; and this, I think, may with truth and modesty enough be said, that as few men knew books, and that part of learning which is called Historia Literaria, better than himself, so there never appeared in England so choice and valuable a Catalogue to be thus disposed of as this before us.
Cierto es que esta biblioteca contiene no pocos ejemplares que jamás habían aparecido antes en ninguna subasta de por aquí, ni tampoco, según le he oído decir —y él entendía tanto como cualquier hombre vivo—, en ningún catálogo impreso del mundo.
Muy rara vez compraba un libro sin algún motivo muy especial. Pues si alguien moría, él conocía tan bien lo que llamamos la historia secreta de la erudición que, si había un solo pasaje en un autor por el cual este valiera la pena, jamás se le escapaba.
Siendo una persona que coleccionaba sus libros, y no por ostentación u ornamento, no parecía preocuparse más por el vestido de estos que por el