le «persuadió amistosamente para que viviera en orden y no imprimiera los ejemplares privilegiados de otros», Wolf respondió que «imprimiría todos sus libros si le faltaba trabajo», y añadió que «era lícito para todos los hombres imprimir todos los libros lícitos, sin importar qué mandamiento diera su Majestad en contra». Wolf no respetaba a nadie y su lema era: «Viviré». Al ser advertido de que él, «siendo un hombre tan insignificante, no debía atreverse a contrariar el gobierno de su Alteza», «¡Bah!», dijo él, «¡Lutero no era más que un hombre y reformó el mundo entero en cuanto a la religión, y yo soy ese hombre que debe y quiere reformar el gobierno en este oficio!». La Reina nombró una comisión para investigar el asunto, pero los comisionados no pudieron sacar nada en claro de Wolf y su grupo. Al final, la oposición fue sobornada para que cediera; y el 1 de julio de 1583, Wolf fue admitido como miembro de la Compañía de Libreros por redención, pagando las tasas habituales de 3 chelines y 4 peniques.30
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CAPÍTULO IV PRECIOS PUBLICADOS
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