This sale may be hailed as the omen of better and brighter prospects in literature in general; and many a useful philological work, although printed in the Latin or Italian language—and which had been sleeping unmolested upon a bookseller’s shelf these dozen years—will now start up from its slumber, and walk abroad in a new atmosphere, and be noticed and ‘made much of.’”
Llegamos ahora al año 1812, que será siempre memorable en los anales bibliográficos debido a la venta de la gran biblioteca del duque de Roxburghe durante cuarenta y seis días. El catálogo fue preparado por los señores G. & W. Nicol, y en el prólogo leemos—
Cuando la literatura se vio privada de uno de sus más fervientes admiradores con la muerte del duque de Roxburghe, Su Gracia se encontraba en plena búsqueda para coleccionar a nuestros autores dramáticos.
Pero cuando se examina su colección de obras teatrales inglesas, y se le informa al lector de que solo había volcado su atención en esta clase de literatura durante unos pocos años, su incansable laboriosidad será admitida sin reservas.
El señor Robert H. Evans, el librero de Pall Mall, se vio incitado a iniciar el negocio de subastador con dicha venta, y continuó vendiendo en subasta durante más de treinta años.
La biblioteca Roxburghe constaba de 10.120 lotes, que se vendieron por 23.397 libras. Aunque fue una de las mejores bibliotecas jamás sacadas a subasta, el esplendor de la mayoría de los libros quedó eclipsado por el Boccaccio de Valdarfer de 1471, que alcanzó las 2.260 libras, la mayor suma pagada jamás por un libro hasta entonces.
Se ha dicho que el importe de la venta del día del Boccaccio igualó lo que el duque había pagado por toda la colección.48