Joseph Smith, cónsul británico en Venecia, era un coleccionista de libros culto. En 1755 imprimió un catálogo de su biblioteca: Bibliotheca Smitheana, seu Catalogus Librorum D. Josephi Smithii, Angli ... Venetiis, typis Jo. Baptistæ Pasquali, MDCCLV. Este tiene valor por contener un apéndice de «los prólogos y epístolas que preceden a aquellas obras de la biblioteca que fueron impresas en el siglo quince».
Jorge III compró la biblioteca entera y la añadió a su propia e inigualable colección. Tras la venta de su biblioteca, el cónsul Smith se puso manos a la obra para reunir otra, y en 1773, un año después de su muerte, esta segunda biblioteca fue vendida en subasta por Baker & Leigh, ocupando trece días en su venta.
Los libros se describieron como «en el mejor estado de conservación, y consistentes en las mejores y más escasas ediciones de autores latinos, italianos y franceses, desde la invención de la imprenta, con manuscritos y misales sobre pergamino, bellamente iluminados». El último día de venta contuvo todos los libros ingleses en letra gótica.
Esta magnífica biblioteca recaudó 2245 libras, una cantidad no tan grande como cabría haber esperado. De hecho, Dibdin dice en su Bibliomania que el Sr. Cuthell exclamó en su presencia que «los estaban regalando».
En este mismo año de 1773, fue vendida la espléndida biblioteca de James West, presidente de la Royal Society, cuyo catálogo fue ordenado por Samuel Paterson. El prólogo informa al lector que «el siguiente catálogo exhibe una colección muy curiosa y poco común de libros impresos y de viajes, de