Cierta descripción de libros despertaría un vivo interés si pudieran identificarse con certeza: aquellos que no son valiosos ahora, pero que están a punto de serlo.
Probablemente pueda considerarse que casi cualquier libro que logre existir durante quinientos años verá su valor aumentado al final de este periodo, pero algunas clases habrán resultado ser inversiones mucho mejores que otras.
Dos pueden señalarse con considerable confianza: los libros ilustrados, que retratan las modas y los humores de la época para la posteridad, y los periódicos.
Nada aumenta tanto de valor como un periódico; las hojas de hoy, que tal vez no contengan nada de interés para ningún lector contemporáneo, serán inestimables para el historiador y el anticuario de los siglos venideros. Fructifican en silencio e imperceptiblemente enriquecen a su poseedor. Su valor intelectual, así como el pecuniario, aumenta al permanecer inmóviles.
Nada retrata tan fielmente una época para sus sucesores; valen más que todas las historias y todas las novelas. Su conservación —que implica su reunión en un solo lugar en aras de la accesibilidad y de la comparación entre sí y con los libros— es una encomienda trascendental cuyo descuido asestaría un duro golpe a la investigación histórica, arqueológica y sociológica, e infligiría un grave daño a las épocas venideras.
R. GARNETT.
Marzo de 1898.