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nydus/Prices of BooksPublic
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CAPÍTULO V VENTAS EN SUBASTA EN EL SIGLO DIECISIETE

Esto resulta muy confuso, ya que al mirar al final con el fin de averiguar el número total de lotes, solo se encuentra el número de folios de la venta. Millington descubrió que no era conveniente pujar por libros, por miedo a que se pudiera suponer que estaba inflando los precios, y el señor Pollard cree que adoptó el método de conseguir que hombres pujaran por él.

Para corroborar este punto de vista, el Sr. Pollard se remonta a un ejemplar del catálogo de las bibliotecas de Button, Owen y Hoel, del 7 de noviembre de 1681, que se encuentra en el Museo Británico y que perteneció a Millington. Contiene dos recibos de personas cuyos nombres figuran entre los postores, por dinero recibido de Millington a cambio de varios libros.

“A primera vista esto parece lo contrario de lo que cabría esperar, pero tras las primeras subastas los martilleros habían renunciado al derecho de hacer pujas por cuenta propia, por miedo a que los acusaran de inflar los precios, y es evidente que Millington había empleado a estos amigos para que pujaran por él.”40

Otro mal relacionado con las subastas proviene de los conciertos previos (knocks out), que son totalmente deshonestos y, de hecho, criminales, al tratarse, como lo son, de una forma de conspiración; sin embargo, los acuerdos entre dos personas para no pujar la una contra la otra no han de ser condenados necesariamente. El señor Henry Stevens se mostraba muy tajante en contra de cualquier tipo de acuerdo y, en sus memorias, describe divertidamente cómo frustró un concierto previo; y se ha dicho que, cuando el duque de Roxburghe y lord Spencer llegaron a un acuerdo, fueron partícipes de un concierto previo; pero este punto de vista se basa en una falacia, a saber: que cualquier precio que alcance un libro en una subasta pública es su precio justo. Sabemos, sin

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