usura se declara un pecado detestable, contra jus humanum et divinum, y para atender a las segundas, se sanciona el hecho en sí bajo ciertas restricciones. Un argumento muy esgrimido antiguamente por los reverendos padres, y de hecho por todos los escritores en contra de la usura, era que esta resultaba ilícita en el plano de la conciencia, por ser contraria a la ley natural; sobre lo cual Blackstone observa con agudeza que «muchos hombres buenos y cultos se han confundido en el pasado a sí mismos y a los demás, al plantear dudas sobre su legalidad in foro conscientiae»; estando las objeciones fundadas en la proposición atribuida a Aristóteles: que, al ser el dinero estéril por naturaleza, hacer que engendre dinero es absurdo y una monstruosa perversión del fin de su institución, que era únicamente servir a los propósitos del cambio y no al incremento. San Basilio, obispo de Cesarea, un eclesiástico culto e influyente del siglo cuarto, adoptó esta doctrina y discurrió con piadoso horror sobre la fertilidad antinatural del dinero
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Capítulo I. Intolerancia contra la usura
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