y Rito es demasiado joven y Tigger es demasiado saltarín como para servir de ayuda, así que en realidad no hay nadie más que Yo, bien mirado. Iré a ver si hay algo que necesite que se haga, y entonces lo haré por él. Es justo el día ideal para hacer cosas.
Él trotó felizmente, y al rato cruzó el arroyo y llegó al lugar donde vivían sus amigos-y-parientes.
Parecía haber incluso más de ellos por allí que de costumbre esta mañana, y tras saludar con la cabeza a uno o dos erizos, con los que iba demasiado ocupado para estrecharles la mano, y tras decir «Buenos días, buenos días», con aire de importancia, a algunos de los otros, y «Ah, ahí estás», con amabilidad, a los más pequeños, les agitó una zarpa por encima del hombro y se fue; dejando tras de sí un aire tal de expectación y no-sé-qué, que varios miembros de la familia Escarabajo, incluido Henry Rush, se dirigieron de inmediato al Bosque de los Cien Acres y comenzaron a trepar a los árboles, con la esperanza de llegar a la cima antes de que sucediera, fuera lo que fuese, para poder verlo bien.
Rabbit se apresuró por la orilla del Bosque de los Cien Acres, sintiéndose cada vez más importante, y pronto llegó al árbol donde vivía Christopher Robin. Llamó a la puerta, gritó una o dos veces, y luego caminó un poco hacia atrás y se puso la pata para protegerse del sol, llamó hacia la copa del árbol, y luego dio media vuelta y gritó «¡Hola!» y «¡Oiga!», «¡Soy Rabbit!», pero no pasó nada. Luego se detuvo a escuchar, y todo se detuvo a escuchar con él, y el Bosque se quedó muy solo, callado y tranquilo bajo la luz del sol, hasta que de repente, a cien millas por encima de él, una alondra se puso a cantar.
—¡Vaya por Dios! —dijo Rabbit—. Ha salido.
Volvió a la puerta principal verde, solo para asegurarse, y se estaba alejando, sintiendo que se le había arruinado toda la mañana, cuando vio un trozo de papel en el suelo. Y tenía un alfiler clavado, como si se hubiera caído de la puerta.
—¡Ja! —dijo Rabbit, sintiéndose muy feliz de nuevo—. ¡Otro aviso!
Esto es lo que decía:
Salido atrás Elatrás Ocupado Atrás.
C. R.
—¡Ja! —volvió a decir Rabbit—. Debo avisar a los demás. —Y se alejó apresuradamente con aire de importancia.
La casa más cercana era la de Búho, y hacia la casa de Búho en el Bosque de los Cien Acres emprendió el camino. Llegó a la puerta de Búho, y llamó y tocó el timbre, y tocó el timbres y llamó, y por fin la cabeza de Búho asomó y dijo: «Vete, estoy pensando—ah, ¿eres tú?», que era como