En el que Pooh inventa un juego nuevo e Ígor participa
Para cuando llegó al linde del Bosque, el arroyo había crecido, de modo que era casi un río y, al haber crecido, ya no corría, saltaba y chispeaba alegremente como solía hacerlo cuando era más joven, sino que avanzaba más despacio.
Pues ahora sabía adónde iba, y se decía a sí mismo: «No hay prisa. Llegaremos algún día».
Pero todos los arroyuelos de las zonas más altas del Bosque corrían de aquí para allá, con rapidez, con impaciencia, con tantas cosas que descubrir antes de que fuera demasiado tarde.
Había un sendero ancho, casi tan ancho como un camino, que iba desde las Tierras Afuera hasta el Bosque, pero antes de llegar al Bosque tenía que cruzar este río.
Así que, por donde lo cruzaba, había un puente de madera, casi tan ancho como un camino, con barandillas de madera a cada lado.
Christopher Robin apenas podía apoyar la barbilla en la barandilla superior, si quería, pero era mucho más divertido pararse en la barandilla inferior, para poder inclinarse hacia adelante y mirar el río deslizándose lentamente bajo él.
Pooh podía apoyar la barbilla en la barandilla inferior si quería, pero era mucho más divertido acostarse y meter la cabeza por debajo, para mirar el río deslizándose lentamente bajo él.
Y esta era la única manera en que Piglet y Roo podían mirar el río, porque eran demasiado pequeños para alcanzar la barandilla inferior.
Así que se acostaban y lo miraban… y este se deslizaba muy lentamente, sin tener prisa por llegar a ninguna parte.
Un día, cuando Pooh iba caminando hacia este puente, estaba intentando componer un poema sobre piñas de pino, porque allí estaban, desparramadas a cada lado de él, y se sentía con ganas de cantar. Así que recogió una piña, la miró y se dijo: «Esta es una muy buena piña, y algo debería rimar con ella».