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nydus/War and PeacePublic
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Parte V

abajo. Esa fue la única parte del cuarto acto que Natasha vio. Se sentía agitada y atormentada, y la causa de esto era Kuraguin, a quien no podía dejar de mirar. Cuando salían del teatro, Anatoli se les acercó, llamó a su coche y las ayudó a subir. Al hacer subir a Natasha, le apretó el brazo por encima del codo. Agitada y sonrojada, ella se volvió. Él la miraba con ojos brillantes, sonriendo tiernamente.

Solo después de haber llegado a casa pudo Natásha pensar claramente en lo que le había sucedido, y al recordar de repente al príncipe Andréy se horrorizó, y en el té, al que todos se habían sentado después de la ópera, dio una fuerte exclamación, se sonrojó y salió corriendo de la habitación.

“¡Oh, Dios mío! ¡Estoy perdida!”, se dijo. “¿Cómo pude permitirselo?”. Se quedó un buen rato con el rostro sofocado oculto entre las manos, tratando de comprender lo que le había pasado, pero era incapaz de entender ni lo sucedido ni lo que sentía. Todo le parecía oscuro, tenebroso y terrible. Allí, en aquel teatro inmenso e iluminado donde la semidesnuda Duport, con una casaca adornada con lentejuelas, saltaba al compás de la música sobre tablas mojadas, y las jóvenes y los ancianos, y la casi desnuda Elèn con su sonrisa orgullosa y serena, gritaban entusiasmados “¡bravo!”; allí, en presencia de aquella Elèn, todo le había parecido claro y sencillo; pero ahora, sola consigo misma, aquello era incomprensible. “¿Qué es esto? ¿Qué fue ese terror que sentí hacia él? ¿Qué es este remordimiento de conciencia que siento ahora?”, pensaba.

Solo a la vieja condesa, de noche en la

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