con su teoría. Murmuró algo para sí de forma abrupta y con voz ronca, como suelen hacerlo los alemanes seguros de sí mismos; bien podría haber sido «estúpido»… o «todo el asunto se arruinará», o «saldrá de ello alguna absurdidad»… El príncipe Andréi no alcanzó a oír lo que dijo y habría seguido de largo, pero Chernýshev se lo presentó a Pfuel, comentándole que el príncipe Andréi acababa de regresar de Turquía, donde la guerra había terminado tan felizmente. Pfuel apenas le echó un vistazo —no tanto al príncipe Andréi como a través de él— y dijo con una risa: «Esa debió de ser una bonita guerra táctica»; y, riendo con desprecio, continuó hacia la habitación de donde procedía el rumor de las voces.
Pfuel, siempre propenso a una irritable causticidad, estaba particularmente turbado aquel día, evidentemente por el hecho de que se hubieran atrevido a inspeccionar y criticar su campamento en su ausencia. De esta breve entrevista con Pfuel, el príncipe Andréi, gracias a sus experiencias de Austerlitz, pudo formarse una idea clara del personaje. Pfuel era uno de esos hombres desesperada e inmutablemente seguros de sí mismos, seguros hasta el martirio como solo los germanos pueden estarlo, porque solo los germanos tienen seguridad en sí mismos sobre la base de una noción abstracta: la ciencia, es decir, el supuesto conocimiento de la verdad absoluta. * Un francés está seguro de sí mismo porque se considera a sí mismo personalmente, tanto en mente como en cuerpo, irresistiblemente atractivo para hombres y mujeres. * Un inglés está seguro de sí mismo por ser ciudadano del estado mejor organizado del mundo y, por consiguiente, como inglés, siempre sabe lo que debe hacer y sabe que todo cuanto hace como inglés es indudablemente correcto.