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nydus/War and PeacePublic
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Parte II

de las brillantes salas cuando una voz familiar lo llamó y una mano lo detuvo.

—¿Qué hace usted aquí, señor, de paisano? —preguntó una voz ronca.

Era un general de caballería que se había ganado el favor especial del Emperador durante esta campaña, y que anteriormente había mandado la división en la que servía Rostóv.

Rostóv, consternado, empezó a justificarse, pero al ver el rostro amable y jocoso del general, lo llevó a un lado y con voz emocionada le contó todo el asunto, pidiéndole que intercediera por Denísov, a quien el general conocía. Tras escuchar a Rostóv hasta el final, el general negó con la cabeza solemnemente.

—Lo siento, siento lo de ese buen hombre. Dame la carta.

Apenas había acabado Rostóv de entregarle la carta y de explicarle el caso de Denísov, cuando se oyeron pasos apresurados y el tintineo de espuelas en la escalera, y el general, dejándole, se dirigió al porche. Los caballeros de la comitiva del Emperador bajaron corriendo las escalera y se fueron hacia sus caballos. Hayne, el mismo caballerizo que había estado en Austerlitz, acercó el caballo del Emperador, y el leve crujir de unos pasos que Rostóv reconoció al instante se dejó oír en la escalera. Olvidando el peligro de ser reconocido, Rostóv se acercó al porche, junto con algunos civiles curiosos, y de nuevo, después de dos años, vio aquellos rasgos que adoraba: el mismo rostro, la misma mirada y el mismo paso, y la misma combinación de majestad y dulzura… Y el sentimiento de entusiasmo y amor hacia su soberano renació en el alma de Rostóv con toda su fuerza de antaño. Con el uniforme del regimiento de Preobrazhénski

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