prosiguió: > —Hoy en día todo el mundo pone pegas. ¡Una Sociedad Bíblica! Bueno, ¿y qué daño hay en eso? y se levantó (todos los demás se levantaron también) y, con expresión severa, volvió majestuosa a su mesa en el
El melancólico silencio que siguió fue roto por las voces y las risas de los niños procedentes de la habitación contigua. Evidentemente, allí se estaba viviendo algún momento de alegría y entusiasmo.
«¡Terminado, terminado!», el grito jubiloso de la pequeña Natasha se elevó por encima de todos.
Pierre intercambió miradas con la condesa María y Nikolái (a Natasha nunca la perdía de vista) y sonrió feliz.
—¡Qué música tan encantadora! —dijo él.
—Significa que Anna Makárovna ha terminado su media —dijo la condesa María.
—Oh, ya voy a ver —dijo Pierre, levantándose de un salto—. ¿Sabes —añadió, deteniéndose en la puerta— por qué me