uno a otro en la multitud. El intérprete se dirigió a un viejo porteador y le preguntó si faltaba mucho para llegar al Kremlim. El porteador, escuchando desconcertado el acento polaco que le resultaba extraño y sin darse cuenta de que el intérprete hablaba ruso, no comprendió lo que se le decía y se escurrió detrás de los demás.
Murat se acercó al intérprete y le dijo que preguntara dónde estaba el ejército ruso. Uno de los rusos comprendió lo que se pedía y varias voces a la vez comenzaron a responder al intérprete.
Un oficial francés, que regresaba del destacamento de vanguardia, se acercó a Murat a caballo e informó de que las puertas de la ciudadela habían sido barricadas y de que probablemente había una emboscada allí.
—¡Bien! —dijo Murat y, volviéndose hacia uno de los caballeros de